
La camioneta en la que tuve el accidente el año pasado sigue en el taller de reparación. Si, desde aquella vez, la pobre se la pasó arrumbada prácticamente un año en el terreno casi baldío de un buen amigo de mi padre, que dedica su vida a aquello del laminado y pintura, cuya costumbre era prometer cada semana que quedaría lista pronto. Hace poco mi padre decidió no creer más en la promesa y acertó en retirar la camioneta para llevarla con alguien más. Ese alguien más, en menos de una semana, ha avanzado bastante. Tanto que la camioneta ya está lista para entregarse, claro, después de resolver unos cuantos detallitos: encontrar el módulo de control electrónico de motor, el acumulador, un cristal para puerta derecho y el catalizador, partes que el buen amigo de mi padre se encargó de “tomar sin permiso” para venderlas. Aunque, bueno, ese buen amigo de mi padre dirá que solo las prestó.
Los viejos me abruman. Esa falta de entereza disfrazada de prudencia o aquello que le llaman “sabiduría que solo el tiempo y los golpes dan” da risa. Los viejos que conozco me abruman.
Y ya. Llegó. Justo el día de hoy cumplo un año más llegando a la temible cuenta de 24. Ahora que ya le estoy perdiendo un poco el miedo a la edad, decidí proponerme algunas tareas a lograr durante este año, objetivos con los que me siento comprometido a cumplir.
Ejercer esa carrera como comunicador gráfico que soy. Ajá. Es algo que he estado intentando los pasados días. El problema aquí es que ya tengo un empleo que absorbe gran parte del tiempo que tengo y no puedo abandonarlo por completo, así que el mundo del freelancerismo será la opción.
Vivir solo. O sea, fuera de casa de mis padres. Ya va siendo hora, creo yo. Logrando mi primer propósito este segundo será muy fácil.
Lanzar cualquiera de los proyectos dospuntocerosos que tengo en mente. El problema aquí es que no nací para programar así que muchas de las cosas que me llegan a la mente se quedan ahí. Mi poco conocimiento en programación se suma a mi poca costumbre de trabajar en equipo, eso, junto a que los “proyectos” (palabra muy emprendedora, por cierto) son bastante demandantes, por así decirlo. Siempre trato de comenzar por la parte difícil de los retos, quizá en este haga lo contrario y vaya por algo más sencillo y fácil de lograr.
Un peinado como el de Jon Bon Jovi. ¿Porqué me ven así de feo?
Licencia para conducir. Pues, si. Presentarme tempranito en las oficinas de Vialidad, pagar, hacer el exámen y ya. Me veré bien en la licencia si para esos días ya llevo el peinado de Bon Jovi.
Película cara, cámaras, cosas de foto. Conseguir equipo digital, divertirme más con lo que ya tengo análogo (sobre todo, Polaroid) y mezclarme entre la comunidad artística de la ciudad. Exposiciones, talvez. Participar en medios impresos, quizá. Cursos y talleres (en lo que cobran), seguramente.
Es lo mejor que se me ocurre, por ahora. Trataré de tener presente esta lista a partir de hoy y hasta el 7 de Octubre del 2010. Iré tachando los objetivos que me cumpla, agregando detalles, no sé. Mientras tanto, feliz cumpleaños a mí.