
Seria muy difícil decir cual será al final mi profesión. Llevo años con eso de la mecánica, los motores y los camiones, pero son muy pocos quienes me identifican por eso. Para los doctores no hay gran problema, ellos pasan caminando y, a veces, una madre comenta a su hijo pequeño mientras lo lleva de la mano “mira, ese es doctor” aún sin llevar la característica bata blanca. No demostrar una vocación me tiene preocupado, no mucho en realidad, pero si sería interesante que las vecinas me vieran pasar y le dijeran a sus hijos pequeños “mira, ese es…”.
Ahí es donde llega el problema ¿Qué seré? Para vivir, por supuesto, soy refaccionario. Pero, mis aficiones podrían llevarme a dedicar parte del tiempo a ellas y ganar dinero, talvéz. La fotografía me encanta y podría unirme al fotógrafo del barrio en plan de colaborador y de vez en cuando estar en eso de las bodas, graduaciones y demás celebraciones que acostumbran ser fotografiadas. “Mira, ese es el ayudante del fotógrafo del barrio”, no suena tan mal, nada mal.
La cosa es que convivo en dos barrios, el primero, el de mi casa. El segundo, donde mi padre y yo decidimos instalar nuestro negocito. En ese último si soy reconocido, no mucho, pero si alguien me vé caminando por ahí sabrá que no soy un extraño pues llevo tiempo en la zona. En el barrio de mi casa, es diferente. Durante mi infancia tenía la fama de católico, decente, responsable y buen estudiante. Crecí y pasé a ser rebelde, vago y delincuente, solo por dejarme crecer el cabello y pasearme con mi bajo eléctrico. Ahora, me siguen viendo como rebelde, vago y delincuente además de narcotraficante. Tiene su lado divertido, no me molestan por temor a mis sicarios.
Así que he sido víctima de los prejuicios todos estos años por eso, la búsqueda de una identidad para cada quien es necesaria para la convivencia, para sentirse parte del mundo donde estás viviendo. Tener fama de algo o vocación, te convierte en un icono, en un punto de referencia y ejemplo a seguir, aunque sea solo en tu cuadra. Eso busco yo, lo del ejemplo a seguir o, por lo menos, dejar de ser narco en mi cuadra.
( De la música que hace Lila Downs, se extrae del álbum “La Cantina ‘Entre copa y copa…’” el tema El Centenario, al puro tema de los narcos y cárteles )
Eso me recuerda a la doña que te pidio dinero prestado diciendote que te ocnoci y no se que…
Y si te lo regresaron?
Minimo la volviste a ver?
No la volví a ver :’(
Se esfumó la méndiga y la verdad jamás me dió por buscarla… pa’ mi que debería ir a la PGR y que hagan un retrato hablado.
“Era ancianita y bien rata”
Seguro la hayan.
Que denso
Jajaja. Lo de la ancianita está cura, de verdad te estafó con ese cuento?? Jaja.
Pero bueno, el post está muy chido. Tienes toda la razón, sin embargo, el Ser Reconocido a veces pesa, no? Digo, por los que son reconocidos en demasía. Ahh, y cuida’o con cantar “Mis Enemigos” ya ves que luego luego se enteran y pa’q te cuento.
Bueno Martha, lo de la ancianita es cuento aparte. Ella iba con su hija, me pidió dinero quesque para viajar a Chapala que está a mitad de camino entre Guadalajara y Guanajuato, así que no sale muy barato. Confié en la ancianita porque me dijo que éramos vecinos y que los vecinos se ayudan mutuamente, etc. Le presté porque me pareció fácil prestarle. Ahora desconfío de todas las viejecitas.
Lo que tenía el Gallo di Oro era fama, harta fama. Y si, el atrevimiento tenía que pagarse de alguna forma. Probe Gallo, tan joven que era.