
(Parte II)
Bien, siguiendo con el relato, ya me encontraba recorriendo una de las tantas líneas del metro, viéndo através de la ventana las micros y taxis verdes que tanto aparecen en la tele. Fué ahí cuándo comencé a ver la ciudad como un gran set de televisión, como el de una telenovela que en las ciudades distintas al DF nos gusta ver, entre otras cosas, porque está llena de intriga, violencia y, a veces, de comicidad. Después de llegar a casa de Paranoid el plan era dirigirnos al Fru-Fru, comprar los boletos y comenzar la turisteada. Esto último fué frustrado debido a la lluvia y solo nos quedó correr entre la gente y debajo de lo que nos cubriera para llegar al teatro lo más secos que se pudiera.
Secos no, pero ya con boletos, nos hicieron esperar fuera del Fru-Fru alrededor de dos horas, una hora después de lo anunciado en los feos posters que Sol & Deneb consiguió para promocionar el evento y es que, en serio, están feos. Dos horas para entrar, se hizo una fila, unos guaruras revisaban los boletos, las bolsas y bolsillos de los sospechosos solo para permitirnos entrar al “lobby” que lucía como una réplica de la casa de la mismísima Tigresa, con muebles dorados, incómodos y de mal gusto.
El Lobby es en realidad un bar. La espera se alargó casi otra hora, algunos aprovecharon para beber alcohol que no se limitaba solo a cerveza, pues podías encontrar de todo ahí. Nosotros nos sentamos muy cerca de las puertas de acceso al teatro, en esas sillas incómodas y podíamos desde allí escuchar como ensayaba la banda. Pronto nos vimos acompañados por otros amantes del progresivo, lástima que no recuerde sus nombres, pero si leen esto seguramente saben que hablo de ellos. Uno era piloto e iba con su esposa, piloto también. Estaba también un muchacho que sorprendió al piloto por ser amante del progresivo a tan corta edad. Este muchacho iba acompañado de “la chica con ojos de regalo” y del “próximo gober precioso” que no tuvo la suerte de conseguir buenos asientos en el teatro, pero la pareja de pilotos tenían usa solución para él.
Justo después de hacer una fila más para que el acomodador nos llevara a nuestros asientos, también incómodos, comienza lo musical de este post. Ya era bastante la espera pero valió la pena pues pronto el escenario se vió ocupado por tres figuras, Gianni Leone, principalmente, que desde el principio del show demostraba lo bueno que es en los teclados. También se le notaba lo ¿afeminado? Y es que su look con pantalones ajustados, telas brillantes y argollas metálicas con tiras de piel dicen mucho de la personalidad de cualquiera. Además, mostraba una interpretación escénica bastante dramática. Il Balletto di Bronzo estaba conformado originalmente por 4 miembros, en la actualidad solo queda Leone como miembro fundador y se presenta con dos músicos jóvenes ejecutando uno el bajo y el otro la batería. El set de esa noche comenzó con material del proyecto solista de Leone, el disco YS en su totalidad y terminó con más material de Gianni. Quienes escucharon el YS en vivo salieron satisfechos, sonó magnífico a pesar de que la banda no contaba con guitarra, parte que fué llenada por Gianni y sus teclados. En la parte final, Gianni presumió su “esclavo electrónico”, una batería sintética que lo acompaño en los últimos temas de esa noche, temas que distan mucho del trabajo en el Balletto, pues tienen un aire contemporáneo y un sonido tan techno que, supongo, a muchos de los asistentes al concierto no acabó de gustarles.
Al salir fué una suerte que alcanzáramos el metro para regresar ahora a la casa de Joselin, novia de Paranoid, ya casi a la media noche para dormir despues de cenar una torta de con el Paisa. Ahí fué donde se cumplió lo que temía, conocí a Cuqui, la chihuaha. ¡Tiene un temperamento! Se la pasó ladrándome toda la noche, pero yo dormí en lugar de escucharla.
Desayuné pancita, lo bueno es que ya sabía lo que era, pues en Guadalajara suele llamarse “menudo” que suena más feo. Después de tomar un baño comenzó la verdadera turisteada. Volvimos al teatro a fotografiarlo por fuera, entramos al Antiguo Palacio de Correos, subimos a la Torre Latinoamericana y caminamos por todo el Eje Central, pasamos por la pastelería “La Ideal” y terminamos en el metro para por fin, ir a conseguir boleto de autobús para regresar a mi casa.
( Parte del repertorio de esa noche y donde se notó ese ambiente moderno en la música de Gianni Leone fué en la pieza Technoage de la que no sé nada… aún )
Ah que Cuqui…
Ey, que aventuraaa! Que chido lo del concierto, lo del paseo y lo de la pancita, malo lo del bar de la tigresa, la lluvia, la espera y la Cuqui. Jaja, un saludo!
sentiste el ligero vaívén en la latinoamericana? de hecho tambien se ve un poco el movimiento. ahh… como extraño México
Agridulce: No sentí el vaivén, pero si lo hubiera sentido ¡me muero! Es bastante alto ahí…
Martha: Todo estuvo chido, lo que Cuqui no entiende es que yo la amo, pero no corresponde
Paranoid: Cuqui no es amor.
Si, me agarra un temblor ahi y ahi quedo…
Ya revive el blog